Ena Carnero Arroyo*
En las últimas décadas, la lucha contra el cambio climático ha impulsado una transformación profunda de los sistemas energéticos a nivel global. La transición hacia economías bajas en carbono implica una reducción progresiva del uso de combustibles fósiles y la expansión de tecnologías energéticas basadas en fuentes renovables. Uno de los elementos centrales de esta transformación es el creciente papel de los minerales críticos, recursos naturales indispensables para la fabricación de tecnologías clave de la transición energética, como baterías para vehículos eléctricos, sistemas de almacenamiento de energía y dispositivos electrónicos avanzados. Entre estos minerales, el litio ha adquirido una importancia estratégica debido a su papel fundamental en la producción de baterías recargables utilizadas en la electrificación del transporte y en el almacenamiento energético.
De acuerdo a datos del PNUD América Latina posee el 60% de todos los recursos de litio identificados en el mundo. Estos se encuentran principalmente en Bolivia, Argentina y Chile, lo que nos llevaria a pensar en una oportunidad para que America Latina logre una mejor posicion politico-economica en el mundo. La demanda de litio ha crecido y con ella los precios de compra han aumentado.
El mercado global del litio alcanzó los 16.460 millones de dólares en 2025 y se espera que crezca con fuerza hasta 78.490 millones en 2034, con una tasa anual del 18,90%. La region Asia Pacífico lidera el mercado, concentrando el 64,30%, mientras tanto, Estados Unidos proyecta llegar a 13.450 millones de dólares hacia 2032, impulsado por la demanda de baterías para autos eléctricos y almacenamiento energético (https://bit.ly/4m9wJl8).
Este proceso está generando nuevas dinámicas económicas, tecnológicas y geopolíticas que afectan tanto a los Estados como a las relaciones internacionales. La geopolitica del litio trae desafios para America Latina, ya que la mayor parte de las ganancias no está en la extracción, sino en la fabricación de baterías. China se ha consolidado como el actor dominante en la industria de vehículos eléctricos: seis de los diez mayores fabricantes son chinos, y empresas como BYD ya superan a Tesla en ventas globales. El país produce más del 60% de los vehículos eléctricos y concentra más de la mitad de la demanda mundial; es decir tiene el control sobre la cadena de valor. Gracias a esta ventaja las empresas chinas pueden ofrecer vehículos eléctricos a precios mucho más competitivos que sus rivales de Estados Unidos y Europa. China, Japon y Corea del Sur dominan este rubro.
En consecuencia, para que Chile, Argentina y Bolivia compitan tendrían que invertir grandes sumas en I+D, infraestructura industrial y capacidades tecnológicas, lo que elevaria significativamente los costos y riesgos. La extraccion de litio tambien trae consigo impactos ambientales sensibles (agua, biodiversidad) y sociales (ausencia de consulta previa a los pueblos indigenas); lo que aumentaria los costos regulatorios y de gestión.
En este contexto, la Unión Europea ha desarrollado una serie de políticas orientadas a asegurar el suministro de materias primas esenciales para su transición energética. Iniciativas como el Pacto Verde Europeo y la Ley de Materias Primas Criticas, reflejan la creciente preocupación europea por garantizar cadenas de suministro seguras, sostenibles y diversificadas. Estas políticas buscan reducir dependencias externas excesivas y fortalecer la autonomía estratégica europea en sectores clave de la economía verde.
Dado su alto nivel de dependencia externa, la UE ha impulsado una política de cooperación internacional que combina instrumentos comerciales, financieros y tecnológicos. En este marco, los acuerdos de comercio e inversión y las asociaciones estratégicas sobre materias primas desempeñan un papel relevante que buscan facilitar el acceso a recursos críticos, promover entornos de inversión estables y fomentar la integración en cadenas de valor globales.
No obstante, este proceso plantea retos importantes. Por un lado, los países latinoamericanos buscan aprovechar sus recursos naturales para impulsar procesos de desarrollo industrial y tecnológico. Por otro, la necesidad de garantizar reglas de mercado previsibles y cadenas de suministro eficientes puede limitar el margen de política pública en ciertos casos. En este sentido, el desafío consiste en encontrar un equilibrio entre seguridad de suministro, sostenibilidad y desarrollo económico.
Bajo estas circunstancias, la relación entre la Unión Europea y América Latina ofrece una oportunidad estratégica de cooperación mutuamente beneficiosa. Más allá del acceso a recursos, existe un amplio potencial para avanzar en transferencia tecnológica, innovación conjunta y desarrollo de capacidades locales en sectores vinculados a la transición energética.
En conclusión, el principal desafío para América Latina no radica únicamente en la disponibilidad de litio, sino en su capacidad para integrarse de manera más activa en las cadenas de valor. Para ello, resulta clave fortalecer políticas industriales, promover la cooperación regional y consolidar alianzas internacionales que incluyan financiamiento, desarrollo tecnológico y estándares sostenibles. En este marco, la cooperación con la Unión Europea puede desempeñar un papel fundamental para avanzar hacia una transición energética que sea no solo verde, sino también inclusiva y equilibrada.
*Ena Carnero Arroyo
Profesora principal de Derecho Internacional en la Facultad de Derecho y Ciencia Politica de la universidad Nacional de Trujillo-Perú.Coordinadora del Grupo de Investigacion “Cambio climatico y DDHH