Desafíos del Reglamento Europeo de Cero Deforestación (EUDR) en América Latina: Una mirada desde el sector cacaotero de Ecuador

Omar Delgado Ruiz*

América Latina y la Unión Europea (UE) mantienen una relación comercial e institucional histórica, caracterizada por una profunda interdependencia, dentro de esta dinámica, la región latinoamericana se ha consolidado como uno de los principales proveedores agrícolas del continente europeo, sosteniendo cadenas de valor que son vitales para las economías de ambas regiones; no obstante, en el actual contexto de emergencia climática global, esta asociación estratégica se enfrenta a nuevos y complejos retos.

La UE, en su legítimo esfuerzo por liderar la transición ecológica global a través del Pacto Verde Europeo, ha comenzado a implementar normativas ambientales con un marcado alcance extraterritorial.

El presente análisis examina cómo el Reglamento Europeo sobre comercialización e materias primas y productos asociados a la deforestación y la degradación forestal (conocido como EUDR), a pesar de sus innegables beneficios ecológicos, corre el riesgo de generar efectos socioeconómicos asimétricos, esto al establecer altas barreras tecnológicas, burocráticas y financieras para el acceso al mercado común europeo; la medida puede afectar indirectamente los derechos humanos fundamentales de las poblaciones más vulnerables del sur global, en particular, se pone en riesgo el derecho al trabajo, al desarrollo y a un nivel de vida adecuado de miles de pequeños productores agrícolas en América Latina, cuyas economías familiares dependen casi exclusivamente de la exportación de materias primas.

El nuevo marco jurídico europeo: Alcance, trazabilidad y el sistema de evaluación comparativa

El Reglamento EUDR, cuya fase de aplicación obligatoria marca un hito en la política comercial de la UE en 2026, establece un parámetro estricto e innegociable: ningún producto derivado del cacao, café, soja, aceite de palma, madera, caucho o ganado podrá ingresar o salir del mercado europeo si proviene de tierras que hayan sido deforestadas o degradadas después del 31 de diciembre de 2020.

Desde una perspectiva jurídica, el reglamento impone una carga de prueba sumamente rigurosa sobre toda la cadena de suministro, trasladando la responsabilidad de verificación desde los Estados hacia los operadores privados. El aspecto más innovador y; a su vez, el más técnico de la norma es la exigencia ineludible de
trazabilidad, los exportadores e importadores deben proporcionar las coordenadas de geolocalización exactas de cada parcela de tierra donde se produjeron las materias primas.

Además, el EUDR introduce un sistema de evaluación comparativa mediante el cual la Comisión Europea clasifica a los países productores, o a regiones específicas dentro de ellos, en categorías de riesgo “alto”, “estándar” o “bajo”. Esta clasificación no solo determina el nivel de escrutinio aduanero y la frecuencia de las inspecciones que sufrirán los productos latinoamericanos al llegar a los puertos europeos; sino que, también puede generar un estigma comercial perjudicial para naciones enteras, afectando su competitividad internacional independientemente de los esfuerzos individuales de sus agricultores.

El choque de realidades: La brecha digital y el caso del sector cacaotero ecuatoriano

La implementación del EUDR revela una brecha estructural profunda entre los sofisticados marcos regulatorios europeos y la realidad material de la ruralidad latinoamericana, la exigencia de geolocalización poligonal asume como un hecho dado la existencia de infraestructura digital, conectividad a internet, títulos de propiedad saneados y capacidad técnica; no obstante, estos elementos son frecuentemente limitados, deficientes o inexistentes en las zonas rurales y amazónicas de América Latina.

Para ilustrar esta realidad y sus consecuencias, resulta oportuno observar el escenario del Ecuador, uno de los mayores exportadores de cacao del mundo. Recientemente, la Asociación Nacional de Exportadores de Cacao del Ecuador (Anecacao), a través de su
directora Merlyn Casanova, reportó que el sector agroindustrial ecuatoriano ha logrado un notable 90 % de cumplimiento frente a las exigencias de trazabilidad del EUDR (El Universo, 2026).

Si bien esta cifra demuestra una destacable capacidad de adaptación y resiliencia por parte de los exportadores consolidados, el análisis político debe centrarse obligatoriamente en el 10% restante, sector que quedaría rezagado y que no está
compuesto por grandes corporaciones, sino por pequeños agricultores, familias campesinas y comunidades indígenas asentadas en zonas de difícil acceso, para estos actores, el costo técnico y económico de contratar agrónomos o adquirir tecnología para cumplir con el mapeo digital representa un obstáculo insalvable, enfrentando un riesgo inminente de exclusión total del mercado europeo.

La asimetría de la carga regulatoria a la luz de los Derechos Humanos

El impacto de la exclusión comercial trasciende lo puramente económico y entra en la esfera del derecho internacional y de los derechos humanos. Instrumentos como el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC) reconocen el derecho de toda persona a un nivel de vida adecuado para sí y su familia, así como el derecho a ganarse la vida mediante un trabajo libremente escogido.

Cuando una regulación internacional, aunque persiga un fin legítimo como la protección ambiental, expulsa a los pequeños productores de las cadenas de valor formales, se vulneran indirectamente estas garantías. Al quedar marginados de las
exportaciones hacia la UE, se materializa una amenaza a su estabilidad socioeconómica, empujando involuntariamente a los agricultores más vulnerables hacia la informalidad.

Paradójicamente, esta exclusión puede generar un efecto adverso para los propios objetivos de la UE. Los productores latinoamericanos que no logren cumplir con el EUDR no dejarán de cultivar; simplemente desviarán sus productos hacia mercados
menos exigentes en materia ambiental y de derechos laborales (como ciertas economías asiáticas), generando un fenómeno de “fuga de mercancías”. En este escenario alterno, la deforestación no se detiene, pero las comunidades rurales latinoamericanas se
empobrecen, consolidando un ciclo de vulnerabilidad que debilita las instituciones democráticas y el tejido social en la región.

El Reglamento EUDR representa un avance normativo necesario y loable en la mitigación del cambio climático global; así, su diseño y ejecución práctica requieren observar cuidadosamente el principio internacional de responsabilidades comunes pero diferenciadas. La Unión Europea tiene ante sí la oportunidad histórica de demostrar que la sostenibilidad ambiental no requiere de barreras comerciales rígidas que afecten desproporcionadamente a las economías en vías de desarrollo.

Para que la política exterior y ambiental europea fortalezca efectivamente los derechos humanos y la gobernanza democrática en las regiones productoras, resulta imperativo transitar de un modelo punitivo y de estricta condicionalidad hacia uno de cooperación técnica, financiera y solidaria; a través, de la transferencia efectiva de tecnología, el fomento de capacidades locales y el apoyo directo a los pequeños agricultores de América Latina, la UE podrá garantizar un ecosistema comercial justo.

De esta manera, la necesaria protección de los bosques tropicales y las cadenas de valor globales promoverá, simultáneamente, el bienestar, la dignidad y la inclusión de las comunidades rurales en el sur global.

*Omar Delgado Ruiz
Abogado por la Universidad Central del Ecuador y maestrante en Derecho Constitucional por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador