Joel Yaguana*
El conflicto entre Irán e Israel es una manifestación de una profunda rivalidad geopolítica y socioeconómica que estructura la región del Medio Oriente. Ambas potencias compiten por la supremacía regional por los minerales, petróleo, territorio y otros; arrastrando consigo a una constelación de aliados, rivales e intereses cruzados que complejizan el escenario mundial y amplifican las consecuencias en la seguridad internacional, la economía global y la estabilidad política de numerosas regiones.
Por un lado, Israel tiene el respaldo incondicional de Estados Unidos, el cual ha desplegado sistemas de defensa avanzada y mantiene una fuerte presencia militar cerca de la región, mostrando su disposición a intervenir si el conflicto escala (como actualmente lo esta haciendo), especialmente en caso de que Irán amenace con tomar rutas estratégicas como el Estrecho de Ormuz, por donde transita alrededor del 20% del petróleo global. Una guerra bélica en esta zona podría paralizar el transporte marítimo de hidrocarburos, disparar los precios del petróleo y del gas, y provocar una crisis energética de escala internacional, especialmente en Europa y Asia. Países dependientes de estos recursos verían comprometidas sus economías, lo que podría traducirse en inflación, desaceleración del crecimiento y mayor inestabilidad social.
Por otro lado, otro aliado es Europa, que es menos beligerante, pero de igual manera respalda el derecho de Israel a defenderse y le ofrecen apoyo logístico y diplomático mientras intentan frenar la guerra. Más allá de Occidente, Israel ha tejido alianzas discretas con países árabes del Golfo, como Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Arabia Saudí (aunque públicamente rechazan las acciones ofensivas de Israel en contra de Irán) colaboraran de forma encubierta, facilitando vuelos, inteligencia, bombas o producción petrolera, pero no se comprometen militarmente.
Del lado opuesto, Irán se apoya en una red de alianzas estratégicas que incluyen actores como las potencias de Rusia y China, y los grupos como Hezbollah, Hamas, y las milicias hutíes. Rusia actualmente se encuentra limitada por su guerra en Ucrania, entonces solamente actúa como un escudo diplomático de Teherán, bloqueando sanciones en la ONU y ofreciendo armamento. Por otro lado, China está centrada en su agenda económica global y evita involucrarse militarmente, pero respalda a Irán como proveedor energético crucial y socio en su ambiciosa Ruta de la Seda (Lo que se está afectando por las guerras).
A nivel regional, Irán tiene aliados como Irak que ofrece apoyo logístico o encubierto. Pakistán, enfrenta restricciones internas que le impiden participar directamente, pero es aliado. Turquía, por su parte, adopta una postura ambigua en donde condena a Israel, pero evita acciones que le enfrenten directamente a sus aliados de la OTAN.
En conclusión, el enfrentamiento entre Irán e Israel no solo refleja una rivalidad ideológica, estratégica y militar, sino que articula una compleja red de intereses globales. Las alianzas y rivalidades que rodean a ambos actores principales convierten este conflicto en un foco potencial de desestabilización regional. Estados como Turquía, Pakistán o Egipto deberán urgentemente equilibrar de forma cuidadosa sus alianzas estratégicas con las expectativas de sus poblaciones, lo que puede generar inestabilidad política interna o reconfiguraciones diplomáticas que afecten las relaciones internacionales. Es decir, el conflicto entre Irán e Israel no es únicamente un enfrentamiento regional, sino una pieza clave dentro del rompecabezas geopolítico global.
Bibliografía:
Nasr, V. (2006). The Shia Revival: How Conflicts within Islam Will Shape the Future. W. W. Norton & Company.
Byman, D. (2011). A High Price: The Triumphs and Failures of Israeli Counterterrorism. Oxford University Press.
Katzman, K. (2023). Iran’s Foreign and Defense Policies. Congressional Research Service (CRS Report No. R44017).
*Joel Yaguana
Abogado. Universidad Central del Ecuador.