El FAIR TRADE podría ser el próximo gran aporte de Europa a países del MERCOSUR como Paraguay

Guillermo Irigoitia*

Las comunidades europeas, a mediados del siglo XX, exportaron al mundo una bocanada de optimismo hacia esquemas librecambistas. El modelo europeo, quizás sin buscarlo, mostró el camino en dirección opuesta al proteccionismo, este sesgo permeó en los países que luego conformarían la región del MERCOSUR, en la actualidad, podemos vaticinar que ocurrirá lo mismo con el Fair Trade o Comercio Justo, incluso de forma más acelerada dado el estrechamiento de vínculos luego del reciente acuerdo UE-MERCOSUR de inicios del año 2026.

Pero antes que nada ¿Qué entendemos por Fair Trade? Fair Trade (Comercio Justo) se refiere a un enfoque comercial que va más allá del Libre Comercio puro, incorporando estándares éticos, sociales y ambientales para asegurar la equidad global.

Es un sistema alternativo basado en el diálogo, la transparencia y el respeto mutuo entre productores (especialmente en países en desarrollo como Paraguay) y compradores. Garantiza reglas de juego claras, como precios mínimos sostenibles, primas adicionales para comunidades, condiciones laborales dignas (según estándares de la OIT), sumado a prácticas ecológicas (deforestación responsable, agricultura regenerativa). No es solo una certificación (como sello Fairtrade en café/soja), sino un principio de justicia en las cadenas valor.

Relevancia para la región UE-Mercosur y el Paraguay.

En el acuerdo firmado en enero del 2026, el Fair Trade se operacionaliza en el Capítulo 13 de “Sostenibilidad”, obligando la ratificación de convenios OIT (Ejemplo: Libertad sindical, exclusión de trabajo infantil), monitoreo ambiental (Acuerdo París, deforestación cero post-2020), y paneles de disputas independientes. Beneficiando en última instancia a las exportaciones paraguayas, siempre con el condicionante de que se cumplan estándares laborales rurales, reduciendo dumping social y atrayendo IED [1] verde.

Altas funcionarias del Ministerio de Industria y Comercio de la República del Paraguay, nos refieren que “la premisa de esta nueva tendencia es buscar un equilibrio entre el Free Trade (donde se pretende alcanzar el 0% en aranceles aduaneros de forma gradual y concretar el acceso a un nuevo mercado de 450 millones consumidores en la Unión
europea) y el Fair Trade, en el cual se abordan cuestiones como la inclusión de las
Pymes y el fomento de economías inclusivas. El crecimiento de la inversión extranjera en Paraguay ha sido constante y sostenido. Solo en el año 2024 ingresaron aproximadamente 931 millones de dólares en flujos netos, lo que representa un aumento cercano al 15 % respecto al año anterior. En perspectiva histórica, la evolución es aún más significativa. En los años noventa, el país recibía alrededor de 100 millones de dólares al año y hoy la inversión anual promedio ronda los 600 millones
”.

Según técnicos del MIC, esto no es casualidad: “Paraguay continúa consolidando su posición como una de las economías más sólidas y estables de la región, respaldado por una serie de indicadores macroeconómicos positivos y el reconocimiento de prestigiosas agencias calificadoras internacionales”.

El país ha alcanzado hitos históricos al obtener el Grado de Inversión por parte de dos de las calificadoras de riesgo más importantes del mundo, tras años de estabilidad macroeconómica y reformas fiscales. El 26 de julio de 2024, la agencia Moody’s elevó la calificación crediticia de Paraguay a Baa3 con perspectiva estable, fue la primera vez en la historia que el país alcanzó esta categoría, asimismo en diciembre del año 2025 Standard & Poor’s mejoró la calificación de Paraguay a BBB-, otorgando el segundo grado de inversión

El Paraguay cuenta con un sistema tributario simple y previsible, con tasas que se mantienen en niveles bajos en comparación con otros países de la región. Esta estructura impositiva liviana, acompañada de estabilidad macroeconómica y una inflación controlada, genera un ambiente que para los inversionistas es muy valorado” enfatizaron. Pero más allá de la estructura tributaria general, Paraguay dio un paso realmente importante en los últimos meses: después de casi treinta años, decidió actualizar la Ley de Maquila y la Ley 60/90, haciéndolas más modernas y acordes a los desafíos actuales. La maquila mantiene su impuesto único del 1 % sobre el valor agregado en exportación, pero ahora opera con procesos más claros y previsibles. La Ley 60/90 renovada mejora el atractivo para proyectos que requieren maquinaria y tecnología de alto valor, ofreciendo exoneraciones y estabilidad legal.

En 2025 se creó además la Ley de Ensamblaje de Bienes de Alta Tecnología, que apunta a atraer industrias electrónicas, de telecomunicaciones y dispositivos inteligentes. Esta ley complementa a las anteriores e incorpora sectores que Paraguay antes no podía atraer. El Paraguay también cuenta con parques industriales y el régimen de materia prima, como otras facilidades para la inversión.

Además, se cuenta con la Constancia de Inversionista Extranjero que permite a las personas físicas extranjeras gestionar la residencia permanente e iniciar los trámites de apertura de empresas en Paraguay. Los requisitos esenciales son: ser persona física extranjera que desee abrir una empresa en Paraguay en el área de industria, comercio y/o servicios, donde la inversión mínima exigida es de USD 70.000 o su equivalente en guaraníes y el proyecto debe contemplar la creación de al menos 5 empleos formales directos.

A todo esto, podemos sumar que Paraguay ha desarrollado un modelo progresivo de facilitación del comercio [2], basado en:

• Modernización aduanera (Código + TICs)
• Digitalización (VUE/VUI)
• Gestión de riesgo
• Integración regional (MERCOSUR – ALADI)
• Alineación con estándares internacionales (OMC – OMA)

No obstante, el sistema aún enfrenta desafíos estructurales derivados de:

• su condición de país mediterráneo
• la necesidad de mayor integración logística
• y la consolidación institucional del control coordinado

A priori, la naturaleza de las relaciones comerciales entre los particulares, estados e incluso esquemas de integración como el Mercosur y la UE, sigue siendo eminentemente económica, antes de ampliar el campo de acción a otras esferas como la salud, educación, cuestiones medioambientales o de defensa común. Se debe necesariamente realizar un abordaje técnico, con rigor científico y foco en lo estrictamente económico.

Si bien la balanza comercial en el Paraguay es deficitaria estructuralmente, la misma es sostenible (financiada por IED y remesas), con franca evolución hacia el equilibrio gracias a políticas de diversificación (como el Plan Exporta 2027 del MIC), prácticas de fair trade, atracción de inversiones, y el acceso a la UE.

Según datos de la Cámara Paraguaya de Exportadores (CAPEX), 16 productos paraguayos salieron al mundo por primera vez, solo en los últimos meses. Lo que evidencia horizontes prometedores para la industria paraguaya que, con mejores condiciones financieras, ha mostrado capacidad de producir bienes con mayor grado de complejidad y valor adherido.

Con esta coyuntura, donde la industria podría generar más productos a exportar para el país, que no sean los tradicionales commodities y/o la carne, podemos vislumbrar que el camino hacia el estrechamiento de vínculos comerciales con la Unión Europea y el resto del mundo va allanándose, el desafío será acompañar este ímpetu comercial, con esquemas que propicien o al menos traten de compaginar prácticas de comercio justo, elevando los estándares y buenas prácticas sin comprometer la competitividad.

Si bien la implementación genera desafíos en el corto plazo, las prácticas de comercio justo (fair trade) lejos de constituirse en un obstáculo, afianzan los esquemas librecambistas o de libre comercio (free trade) en el mediano y largo plazo, estrechando aún más los vínculos comerciales, creando sinergias positivas y ampliando las zonas o áreas de arancel cero. Esto último, redunda en más integración regional (e incluso global), con sus consabidos beneficios indirectos:

• Eliminación de hipótesis de conflictos bélicos, en un momento álgido de beligerancia en gran parte del mundo.
• Consolidación de instituciones democráticas.
• Armonización de políticas y abordaje de problemas comunes desde un nuevo foro o espacio.

[1] Inversión Extranjera Directa.
[2] La facilitación del comercio consiste en la simplificación, armonización y digitalización de los procedimientos vinculados al movimiento internacional de mercancías, reduciendo costos y tiempos logísticos.

*Guillermo Irigoitia
Abogado y Profesor escalafonado de Derecho de la Integración en la Universidad Nacional de Asunción, Máster por la Universitat de Barcelona, Investigador, especialista en Propiedad Intelectual y Asesor de empresas ligadas al sector de infraestructuras.