Gonzalo Magín Gómez Forzley*
Desde el pasado 1 de mayo de 2026, el bloque sudamericano y el gigante europeo han puesto en marcha el componente comercial de un tratado que redefine la geopolítica global. Tras décadas de negociaciones, la integración entre ambos mercados promete ser el motor de una nueva era de competitividad y empleo.
El pasado 1 de mayo de 2026 quedará marcado en los libros de historia económica como el día en que el Mercosur y la Unión Europea (UE) finalmente rompieron las barreras que los separaban. Con la entrada en vigor de la vigencia parcial operativa, ambos bloques comienzan a aplicar las preferencias arancelarias y las reglas comerciales acordadas, permitiendo que productos sudamericanos accedan con ventajas competitivas a un mercado de más de 450 millones de consumidores.
Un camino de ratificaciones: El compromiso del Mercosur.
Para llegar a este punto, cada nación del Mercosur cumplió con sus procesos de “internalización”, convirtiendo el tratado en ley nacional:
– Uruguay: Fue el precursor en el bloque, completando su proceso legislativo en noviembre de 2024.
– Paraguay: Un actor fundamental. A través de la Ley promulgada a finales de enero de 2026, el Gobierno paraguayo oficializó su adhesión, destacando al acuerdo como eje de desarrollo y empleo.
– Brasil: Tras intensos debates sobre normativas ambientales, ratificó el acuerdo en marzo de 2026.
– Argentina: Completó el esquema en abril de 2026, permitiendo la puesta en marcha unificada del bloque.
El rol estratégico del PARLASUR y la sostenibilidad
Un factor determinante en la etapa final del acuerdo fue la gestión del Parlamento del MERCOSUR (PARLASUR). Según se destaca en la Edición N° 43 de la Revista PARLASUR [1], los parlamentarios regionales desempeñaron un papel “estratégico” mediante misiones técnicas a Bruselas y Estrasburgo.
Estas misiones fueron clave para:
– Aclarar estándares de sostenibilidad: Se trabajó intensamente en explicar los modos de producción sostenible de la región y las políticas de combate a la deforestación, disipando dudas de los sectores más críticos del Parlamento Europeo.
– Posicionamiento Geopolítico: El PARLASUR impulsó el tratado como una herramienta para posicionar al Mercosur como un “socio confiable” capaz de cumplir con altas exigencias de trazabilidad y calidad.
– Liderazgo Regional: Figuras como el presidente del PARLASUR, Rodrigo Gamarra, y parlamentarios como Dionísio Amarilla, resaltaron que este acuerdo no es solo comercial, sino una manifestación de “fraternidad y cooperación” para fortalecer la competitividad regional.
La estructura jurídica: Los tres pilares de la UE
Por parte de la Unión Europea, el acuerdo se sostiene sobre una arquitectura jurídica dividida en tres pilares:
1. El Pilar Comercial: El que ha entrado en vigor este 1 de mayo. Al ser competencia exclusiva de la UE, su aplicación operativa no requiere la ratificación individual de los 27 parlamentos nacionales, acelerando los beneficios económicos.
2. El Pilar de Diálogo Político: Centrado en valores compartidos, derechos humanos y seguridad.
3. El Pilar de Cooperación: Enfocado en el intercambio técnico, educativo y científico.
¿Qué implica la “Vigencia Parcial Operativa”?
La decisión de iniciar una vigencia parcial responde a una estrategia para evitar que los beneficios económicos sigan esperando por las ratificaciones políticas totales en Europa. Desde ahora, los sectores productivos ya cuentan con:
– Desgravación arancelaria: Acceso con arancel cero para gran parte de los productos industriales y agrícolas.
– Cuotas preferenciales: Beneficios inmediatos para productos sensibles como la carne bovina, el azúcar, el arroz y el etanol.
– Seguridad jurídica: Un marco normativo previsible que atrae inversiones de largo plazo.
Futuro: Calidad y Empleo
Como han señalado las cancillerías de la región y los documentos técnicos del PARLASUR, el acuerdo actúa como un “sello de calidad”. La integración obliga a elevar los estándares locales, lo que redundará en una mayor competitividad global y en la creación de empleo genuino. El desafío actual para el Mercosur es capitalizar estas oportunidades y consolidar su presencia en las góndolas y fábricas del Viejo Continente.
[1] https://www.parlamentomercosur.org/innovaportal/file/22981/1/parlasur_revista_43_es-final.pdf
Gonzalo Magín Gómez Forzley*
Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), colaborador en las cátedras de Derecho Internacional Privado y Derecho de la Integración.